Cuando se habla del tratamiento de
la dislexia generalmente se piensa en fichas de lateralidad, orientación
espacial, grafomotricidad, orientación temporal, seriaciones, etc....
Sin embargo no está demostrado que todo esto sea necesariamente previo
al aprendizaje de la lectoescritura ni "conditio sine qua non" para poder
avanzar y recuperar las dificultades disléxicas. Lo que recomienda Thomson
es el "sobreaprendizaje": volver a aprender la lectoescritura, pero adecuando
el ritmo a las posibilidades del niño, trabajando siempre con el principio
rector del aprendizaje sin errores, propiciando los éxitos desde el principio
y a cada paso del trabajo de sobreaprendizaje. Se trata de hacer el reaprendizaje
correcto de las técnicas lecto-escritoras, haciéndolas agradables y útiles
para el niño, propiciando como digo el éxito, en lugar del fracaso que
está acostumbrado a cosechar.
Las colecciones
de fichas me parecen útiles como trabajo de apoyo y complementación de
la tarea principal, para variar las tareas y que no sean demasiado idénticas
a las del aula, así como para trabajar determinados aspectos en los que
algún niño debe incidir especialmente.
En la situación
del aula se pueden dar las siguientes sugerencias específicas:
1. Haga saber al niño que se interesa por él y que desea ayudarle. Él
se siente inseguro y preocupado por las reacciones del profesor.
2. Establezca criterios para su trabajo en términos concretos que él pueda
entender, sabiendo que realizar un trabajo sin errores puede quedar fuera
de sus posibilidades. Evalúe sus progresos en comparación con él mismo,
con su nivel inicial, no con el nivel de los demás en sus áreas deficitarias.
Ayúdele en los trabajos en las áreas que necesita mejorar.
3. Dele atención individualizada siempre que sea posible. Hágale saber
que puede preguntar sobre lo que no comprenda.
4. Asegúrese de que entiende las tareas, pues a menudo no las comprenderá.
Divide las lecciones en partes y comprueba , paso a paso, que las comprende
¡Un disléxico no es tonto! Puede comprender muy bien las instrucciones
verbales.
5. La información nueva, debe repetírsela más de una vez, debido a su
problema de distracción, memoria a corto plazo y a veces escasa capacidad
de atención.
6. Puede requerir más práctica que un estudiante normal para dominar una
nueva técnica.
7. Necesitará ayuda para relacionar los conceptos nuevos con la experiencia
previa.
8. Dele tiempo: para organizar sus pensamientos, para terminar su trabajo.
Si no hay apremios de tiempo estará menos nervioso y en mejores condiciones
para mostrarle sus conocimientos. En especial para copiar de la pizarra
y tomar apuntes.
9. Alguien puede ayudarle leyéndole el material de estudio y en especial
los exámenes. Muchos disléxicos compensan los primeros años por el esfuerzo
de unos padres pacientes y comprensivos en leerles y repasarles las lecciones
oralmente. Si lee para obtener información o para practicar, tiene que
hacerlo en libros que estén al nivel de su aptitud lectora en cada momento.
Tiene una dificultad tan real como un niño ciego, del que no se espera
que obtenga información de un texto escrito normal. Algunos niños pueden
leer un pasaje correctamente en voz alta, y aún así no comprender el significado
del texto.
10. Evitar la corrección sistemática de todos los errores en su escritura.
Hacerle notar aquellos sobre los que se está trabajando en cada momento.
11. Si es posible hacerle exámenes orales, evitando las dificultades que
le suponen su mala lectura, escritura y capacidad organizativa.
12. Tener en cuenta que le llevará más tiempo hacer las tareas para casa
que a los demás alumnos de la clase. Se cansa más que los demás. Procurarle
un trabajo más ligero y más breve. No aumentar su frustración y rechazo.
13. Es fundamental hacer observaciones positivas sobre su trabajo, sin
dejar de señale aquello en lo que necesita mejorar y está más a su alcance.
Hay que elogiarlos y alentarlos siempre que sea posible.
14. Es fundamental ser consciente de la necesidad que tiene de que se
desarrolle su autoestima. Hay que darles oportunidades de que hagan aportaciones
a la clase. Evite compararle con otros alumnos en términos negativos (
así es cómo a veces se consigue que se conviertan en caracteriales). No
hacer jamás chistes sobre sus dificultades. No hacerle leer en voz alta
en público contra su voluntad. Es una buena medida el encontrar algo en
que el niño sea especialmente bueno y desarrollar su autoestima mediante
el estímulo y el éxito.
15. Hay que considerar la posibilidad, como se ha dicho antes, de evaluarle
con respecto a sus propios esfuerzos y logros, en vez de avaluarle respecto
de los otros alumnos de la clase. (Es la misma filosofía de las adaptaciones
curriculares).
16. Permitirle aprender de la manera que le sea posible, con los instrumentos
alternativos a la lectura y escritura que estén a nuestro alcance: calculadoras,
magnetófonos, tablas de datos...
Considero
que todo profesional de la enseñanza debería saber algo sobre dislexia
y tener en cuenta estas oraciones en la medida de lo posible. Se evitarían
muchos problemas en las aulas.
El papel de los padres en el tratamiento
de la dislexia
En nuestro sistema educativo se da por supuesto que la responsabilidad
de la enseñanza recae sobre el profesor más que sobre los padres. En el
caso de los niños disléxicos, suele recaer sobre el especialista (psicólogo,
pedagogo, logopeda, profesor especializado). Este énfasis en la labor
del profesor no es adecuado por cuanto los padres pueden ser y de hecho
son en ocasiones por propia iniciativa, una fuente de ayuda importante
para sus hijos.
El papel
más importante que tienen que cumplir los padres de niños disléxicos quizás
sea el de apoyo emocional y social. El niño de be de saber que sus padres
comprenden la naturaleza de sus problemas de aprendizaje. Esto requerirá
frecuentemente el tener que dar al niño algún tipo de explicación acerca
de sus dificultades disléxicas. El mensaje importante que hay que comunicar
es que todos los implicados saben que el niño no es estúpido y
que quizá ha tenido que esforzarse mucho más en su trabajo para alcanzar
su nivel actual de lectura y escritura.
También es
importante comunicarle que se le seguirá queriendo, aunque no pueda ir
especialmente bien en el colegio. Hay que evitar que la ansiedad de los
padres aumente los problemas del niño, aumentando su ansiedad y preocupación
generando dificultades emocionales secundarias. Los padres (y todos los
que se relacionan con él o ella) deben dejar muy claro al niño que puede
tener éxito, ya que si el niño "sabe" que no puede tener éxito, porque
así se lo hacen sentir las personas importantes de su entorno, el niño
tiene miedo a intentarlo y hace por fracasar, sin apenas darse cuenta.
Esto complica la tarea del especialista.
El éxito
puede implicar una considerable cantidad de trabajo, pero se le hace ver
que se comprende su problema y él va a recibir una ayuda específica a
fin de que pueda superarlo. Irónicamente, son a veces los padres que han
tenido dificultades similares y que han sufrido mucho en la escuela son
los que tienden a ejercer una presión mayor, consiguiendo un fin diametralmente
opuesto al pretendido. Conviene que admitan su preocupación y compartir
con el niño los problemas que tuvieron. Esto le hace al niño sentirse
más normal .
Es totalmente
inadecuado e inútil comparar en sentido desfavorable al niño disléxico
con un niño sin problemas. Esto sucede especialmente si el niño que va
bien en el colegio es más pequeño que el que tiene el problema. Conviene
recordar que ambos son distintos y que el disléxico tiene sus cualidades.
La rivalidades fomentadas entre hermanos pueden acabar mal.
Es importante
desarrollar la autoestima a todo los niveles. Puede hacerse dispensando
al niño consideración positiva incondicional, en especial cuando se siente
decaído o fracasado. Es fundamental evaluarlo con su propio nivel, esfuerzo
y rendimiento. La dificultad es no pasar a la sobreprotección, al "todo
vale". Pero la guía es tener clara la escala de valores en la que se desenvuelve
el niño, la situación de partida, el esfuerzo realizado.
Otra cosa
a tener en cuenta son las dificultades prácticas asociadas con la dislexia:
confusiones con las horas del día, equivocaciones respecto del lugar donde
se colocan las cosas, tendencia al desorden, distraibilidad, torpeza en
ocasiones, dificultad en el cumplimiento de las instrucciones ( sino se
le dan muy claras y concretas y se aseguran de que las haya comprendido).
Todo esto exige una buena dosis de paciencia, pero es tan importante como
comprender las dificultades mismas del aprendizaje del lenguaje escrito.
Los padres
pueden tener en ocasiones un papel directo de enseñantes. Esto depende
en buena medida del tipo de relación que haya entre padres e hijos. A
veces es completamente imposible y hasta desaconsejable que los padres
ayuden a sus hijos. La situación se torna en ocasiones en tan cargada
de ansiedad que los padres o el niño pierden la calma, se enfadan y las
condiciones de un aprendizaje con éxito y de refuerzo positivo sistemático,
se vuelven inalcanzables.